Herramienta: Termómetro para medir tu grado de estrés

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Hace un año, la vida de Jimena cambió para siempre. Lo mismo que la de los casi ocho mil millones de habitantes que tiene el planeta.

Apenas queda un atisbo de aquella sonrisa con la que iluminaba todas las mañanas a su familia. Ahora se levanta malhumorada, con los nervios a flor de piel y ya ni tan siquiera saluda a sus vecinos.

Por compatibilidad con los nuevos horarios escolares, es ella la que lleva a los niños al colegio, quienes a diario entran a clase tras recibir una inesperada regañina por parte de su madre.

Un día más, apurada, mira el reloj y ve que le da tiempo a hacer la compra en el súper; no sin antes haberse desinfectado las manos varias veces y haber protestado por el agobio que le produce el llevar de continuo la mascarilla.

En la cola no sabe estarse quieta. Son casi las diez y cuarto, y tiene programada una reunión virtual a las diez y media. No llega. Comienza a hiperventilar, y su corazón se acelera. Y, de nuevo, le apetece arrancarse la mascarilla de la cara.

Como suponía, se incorpora tarde a la videoconferencia, temiendo una reprimenda por parte de su jefe. El teletrabajo no le está resultando tan placentero como imaginaba en un principio. No encuentra el archivo con la presentación y, nerviosa, se tensa y su ritmo cardiaco se vuelve a acelerar.

Pasado un rato, recibe un wasap de su marido. Es personal sanitario y hace unos días que se ha puesto la segunda dosis de la vacuna. Le cuenta que parte de la plantilla no ha ido a trabajar a consecuencia de los efectos secundarios y que un paciente, al que ha atendido antes de ayer, ha dado positivo.

Jimena, incapaz de concentrarse, se disculpa ante sus compañeros para ausentarse un momento. Apaga la cámara, silencia el micrófono y, en soledad, rompe a llorar. Se siente estresada desde hace meses y ya no puede más 🙁.

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Es innegable que, antes de la pandemia, el estrés ya formaba parte de nuestra vida; pero ahora, éste se ha convertido en uno más de la familia. Tanto, que los últimos informes revelan que afecta al 90% de la población.

No en vano, estamos sometidas de continuo a situaciones que, en algún momento, pueden llegar a resultar agobiantes.

Si bien es cierto que, analizado desde una perspectiva positiva, es una oportunidad única para crecer y salir fortalecidas como personas, así como para entrenar nuestra resiliencia, esto no resulta sencillo.

Llevamos muchos meses alejadas de familia y amigos, los protocolos de sanidad no nos permiten despedirnos de nuestros seres queridos como nos gustaría y se merecen, sentimos una necesidad imperiosa de ese abrazo que no podemos ni dar ni recibir, permanecemos muchas horas encerradas entre las cuatro paredes de nuestra casa, en muchos casos tenemos limitada la libertad de movimiento… Todo ello pasa factura en nuestro bienestar, tanto físico como mental.

Y si esto lo unimos a nuestra rutina y a las medidas sanitarias que ahora son tan necesarias, lo más probable es que formemos parte de ese 90% de la población que sufre estrés 🤯.

¿Te has parado a pensar hasta qué punto te sientes agobiada?

En la entrada de hoy, como ves, también un tanto reflexiva, adapto una dinámica de Timothy Gallwey, uno de los fundadores del coaching europeo, y del que ya te he hablado en otras ocasiones.

Gracias a esta herramienta, a la que he bautizado como termómetro medidor del estrés, podrás calcular tu grado de agobio y así ponerle freno cuanto antes. Y es que el estrés crónico le pasa factura a tu salud, siendo un factor desencadenante de enfermedades graves —entre ellas, cáncer—, envejecimiento prematuro o depresión, entre otras cosas.

Así pues, es el momento de pasar a la acción y detenerlo. ¡A por ello 💪!

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¿Qué es el estrés?

En términos sencillos, el estrés se puede entender como una reacción psicológica y física provocada por una serie de estímulos externos, llamados estresores, que nos permiten hacer frente a determinadas situaciones, como por ejemplo, cuando nos encontramos en peligro o afrontamos un reto laboral.

Así pues, se trata de una reacción innata muy útil en nuestro día a día, pues mejora nuestra capacidad de reacción y actuación. El problema viene cuando ésta se convierte en duradera y vivimos en un estado continuado de estrés. Es decir, permanecemos siempre alerta.

Y es que vivir con estrés permanente puede conllevar graves consecuencias para nuestra salud física y bienestar emocional, tal como demuestran los estudios científicos. De ahí que sea fundamental tomar consciencia del grado de estrés al que nos vemos sometidas para así tomar cartas en el asunto y poner en orden nuestra rutina, incorporando a ella la relajación.

Síntomas

Aunque bien es cierto que hay patrones que se repiten, cada persona desarrolla sus propios síntomas y siente una misma circunstancia de manera diferente. Por ello es importante que identifiques los factores que a ti te estresan y aquellos síntomas que tú padeces.

En todo caso, existen una serie de señales genéricas. Éstas son:

⚠️ Aumento de la presión arterial, del riego de flujo sanguíneo al cerebro, de la frecuencia cardiaca y respiratoria, así como de la tensión muscular.

⚠️ Incremento del suministro de energía (azúcar en sangre, grasas…).

⚠️ También puede aparecer sudoración, molestias gastrointestinales, dolor de cabeza, inquietud interior, cansancio o trastornos del sueño.

No obstante, recuerda: al menor indicio de que algo no marcha bien, consulta siempre con un especialista clínico.

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Termómetro para medir tu grado de estrés: ¿cómo saber si lo sufres?

Tal como he comentado un poquito más arriba, sufrir estrés en determinados momentos es algo normal e incluso beneficioso. Lo que no es bueno es que se convierta en la tónica general, de ahí que controlar a menudo el grado de estrés al que te encuentras sometida te ayude a ser consciente de tu situación y así frenar antes de enfermar.

¿Cómo medirlo?

Con un termómetro en forma de hoja de papel, cuyo mercurio será la tinta de tu lápiz o bolígrafo. O si lo prefieres digital, en formato Word o bloc de notas —aunque como el modelo clásico, ninguno 😉. Pincha aquí para descubrir los beneficios de escribir a mano—.

Una vez lo tengas todo listo, ponte cómoda y responde a la siguiente pregunta conforme te venga la respuesta a la cabeza, sin pararte a pensar: ¿del uno al diez, qué nivel de estrés has sentido últimamente?

Anotado el número, crea un listado con todos aquellos posibles factores que puedan contribuir a provocarte ese estrés y califícalos del uno al diez en razón de cuánto grado de estrés te producen.

Todo listado es válido, no hay un número mínimo ni máximo de estresores. Plasma cualquier detalle, por insignificante que te parezca, si consideras que puede ser un desencadenante. La suma diaria y continuada de todos ellos es la que genera el problema.

Por último, responde con detenimiento a estas dos cuestiones: ¿cómo te sientes cuando te encuentras en una situación de estrés? ¿Cuáles son tus síntomas físicos, emocionales, mentales y sociales?

Como he indicado en el epígrafe anterior, cada persona tiene los suyos propios, de ahí la importancia de que identifiques los tuyos.

Por ejemplo, Jimena sufre aumento del ritmo respiratorio y cardiaco (síntomas físicos), ganas de llorar e impulsividad (síntomas emocionales), incapacidad para concentrarse (síntoma mental) y miedo de que su jefe la riña (síntoma social).

Ahora te toca a ti 🙂.

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Cómo leer el termómetro

Muy sencillo: igual que si se tratara de un termómetro con el que te mides la fiebre cuando estás acatarrada.

¿Preparada para ver qué temperatura marca tu termómetro medidor del estrés?

🌡️ 36,5ºTemperatura normal. Te sientes relajada y activa. Disfrutas de tus momentos de autocuidado, reflexionas sobre todo cuanto te acontece para que no te sobrelleve y no tienes ningún síntoma de estrés. En definitiva: te sientes bien.

🌡️ 37,5ºEstrés suave. Sufres algunos síntomas, como rigidez muscular o molestias estomacales, y puede que te sientas un poco hiperactiva o, por el contrario, fatigada. Aunque con algún achaque, tu grado de estrés no te impide llevar una vida normal.

🌡️ 38ºEstrés moderado. Te afecta a nivel físico, mental, emocional o social. Te notas fatigada y percibes las responsabilidades como cargas que podrían afectar a tu ritmo normal de vida.

🌡️ 38,5º = Estrés severo. No puedes seguir tu habitual ritmo de vida, ya que tanto tu cuerpo como tu mente están al borde del colapso. A menudo te cuesta pensar con claridad y te sientes irritada, cansada y agobiada. Además, te preocupa el hecho de que te venga más carga emocional y no puedas con ella.

🌡️ 39º = Nivel rojo de estrés. Tu cuerpo y tu mente están colapsados y, a la mínima, podrías derrumbarte. La mayor parte del tiempo te sientes agotada y te resulta tedioso afrontar tus responsabilidades cotidianas. Buscas una vía de escape, ya sea de manera consciente o inconsciente.

🌡️ 40º o más = Intoxicación por estrés. Padeces una enfermedad relacionada con éste; de hecho, son tantos tus síntomas que tu organismo no sabe cómo asimilarlos. No puedes detenerlo y sientes miedo por lo que te pueda ocurrir. Estás agotada y evades tus responsabilidades. Una carga más, y te hundes.

Tratamiento

Tú misma tienes la respuesta 😉: ¿cómo te comportarías en caso de que se tratase de fiebre «auténtica»?

Pero como una mano amiga siempre es bien recibida, aquí te dejo varias entradas que te pueden resultar de ayuda a la hora de combatir el estrés:

🛀 Tarde de spa en casa: bienestar en estado puro

💆🏼‍♀️ Cómo disfrutar de una vida tranquila y así aumentar tu bienestar

🤒 Fiebre emocional: qué es y cómo prevenirla

🤯 Fatiga mental: combátela con la técnica del STOP

👃 Cómo eliminar pensamientos negativos a través de la respiración

Porque, como dice el dicho popular, más vale prevenir que curar. ¿Preparada para rebajar tus niveles de estrés y con ello ganar en bienestar?

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💟 Por cierto, ¿sabías que la felicidad se puede entrenar? Te lo cuento en el e-book gratuito Momentos felices, 21 ideas para mimarte 😉.

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Me encantaría conocer tu opinión. ¡Te leo!

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