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¿Soy demasiado mayor para estudiar?

«Cualquier momento es perfecto para aprender algo nuevo». Seguramente palabras parecidas a estas de Albert Einstein fueron las que llevaron a Shigemi Hirata a matricularse en la universidad. Tras unos cuantos cuatrimestres, este japonés logró colarse, a los 96 años, en el Libro Guinness de los Récords como el graduado de mayor edad, título que aún ostenta en la actualidad.

Su afición a la alfarería tradicional japonesa le movió a cursar Arte y Diseño. Ya sea como él, por hobby, porque te gustaría engrosar tu currículum, porque en su día no tuviste la oportunidad, porque deseas un ascenso laboral, porque quieres dar un giro a tu vida y reinventarte —como es mi caso— o porque te atrae la función pública, puede que te estés planteando la posibilidad de iniciar unos nuevos estudios. Pero cada vez que lo piensas, aparece asociada otra pregunta: ¿soy demasiado mayor para estudiar?

En absoluto. Eso sí, hay que contar con que si hace tiempo que no se está dentro de la dinámica, los inicios pueden costar un poquito más. El tipo de estudios a realizar —FP, grado universitario, formación ocupacional, idiomas, máster, título de Graduado en ESO, preparación de oposiciones…— y la formación previa también influirán de forma proporcional en esto.

En todo caso, en cualquier tipo de aprendizaje, independientemente de su dificultad, hay dos factores que deben estar siempre presentes: motivación y constancia. Partiendo de esta base, el resto vendrá solo 🙂.

Motivación y constancia: las claves del éxito

¿Cuál es mi propósito a conseguir con estos estudios? Antes de matricularse en ningún curso, hay que tener bien definido el objetivo que se quiere alcanzar. No basta con, por ejemplo, «quiero engrosar mi currículum», se debe ir más allá.

«Quiero engrosar mi currículum porque me gustaría tener más oportunidades laborales dentro de mi sector. A la hora de realizar el proceso selectivo, este curso es tenido en cuenta por las empresas. Siempre he soñado con trabajar para una gran multinacional del ámbito farmacéutico y poder contribuir con mi trabajo a crear un mundo mejor. Estos estudios me ayudarán, a su vez, a desarrollar todo mi potencial…».

Así pues, se trata de trabajar la respuesta desde lo general hacia lo particular con el fin de encontrar esa meta que nos hace vibrar y que será la que nos permita mantener la motivación en todo momento, incluso en aquellos días en los que el estudio se nos haga más tedioso —algo que ocurrirá—.

Contribuir con mis conocimientos a crear un mundo mejor, conseguir un trabajo que me permita gozar de más tiempo libre para estar con mi familia, aprender un idioma para viajar por diferentes países, sentir el orgullo de haber obtenido el diploma, el simple placer de saber… Cada persona tiene su propia motivación y todas ellas son válidas. Lo importante es que te saque una sonrisa cada vez que pienses en ella: así es como descubrirás cuál es el motor que te impulsará durante todo el trayecto 😉.

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Encontrar el objetivo concreto es lo que nos mantendrá motivadas durante todo el proceso de estudio.

La constancia es el segundo pilar básico. Si bien es cierto que el tiempo diario que se puede dedicar al estudio varía en función de las circunstancias personales y que habrá materias que requieran más dedicación que otras, a la hora de crear hábito, esto es lo de menos. Lo importante es fijarse un horario mínimo de estudio diario, ya sea de treinta minutos o full-time a ocho horas —como es el caso de muchas opositoras—. La duración no importa, solo ponerse a ello un rato todos los días con el fin de convertirlo en rutina.

Por supuesto que no se trata de realizar jornadas maratonianas de estudio desde el minuto uno, sino de ir incrementando el tiempo poco a poco —en función del total del que dispongamos— con el fin de ir acostumbrando a nuestro cerebro a que retome la actividad.

En todo caso, el tiempo que le dediquemos tiene que ser real de estudio. Es decir, que durante el mismo estemos única y exclusivamente centradas en la(s) hoja(s) que tenemos delante. Nada de distracciones.

Al principio puede resultar un poco agobiante, pues es probable que notes cómo tu capacidad de atención ha disminuido, además de cansar al poco de ponerte a estudiar. Por eso se debe de tener constancia y hacerlo a un ritmo gradual, tal como comento un poquito más arriba.

El primer día quizá solo puedas estudiar unas líneas. Tranquila, es normal. Conforme avance el tiempo y vayas entrenando, como hacen los deportistas, conseguirás estudiar en una hora lo que antes hacías en dos. Lo importante es no rendirse 💪.

¡Pensamientos limitantes fuera!

«¿Hola? ¿Concentración, estás ahí?». Por supuesto que sí, pero en este momento necesita un respiro. Cuando esta situación se alarga varios días consecutivos —algo que ocurre a menudo—, viejos fantasmas vienen a visitarnos: «esto no es para mí», «soy demasiado mayor para estudiar», «no lo voy a conseguir»… Nada de eso, la mente solo necesita un pequeño descanso para recargar baterías y volver a rendir al 100%. (En este post te cuento un truco para deshacerte de los pensamientos limitantes)

Así pues, no fuerces la situación. Cierra el libro o guarda los apuntes en el archivador y el tiempo que tenías estipulado para estudiar dedícatelo a ti, a mimarte. Si no te puedes concentrar, lo más probable es que tu cabeza se encuentre saturada por algún motivo (personal, familiar, laboral…), así que invierte ese tiempo en darte un baño relajante, meditar, practicar yoga, dar un paseo…

Es cierto que cuando se enlazan varios días seguidos de desconcentración puede llegar a resultar frustrante, pero así como viene, se va. Créeme, la experiencia me avala 😉.

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Date un respiro, y la concentración volverá como por arte de magia.

¿Cómo saber si estoy lista o me va a gustar?

No es lo mismo estudiar por obligación, como sucede en la infancia y adolescencia, que por decisión, como es el caso. Así pues, una vez se tenga claro el objetivo a conseguir, se trata de encontrar los estudios adecuados que nos lleven a lograr esa meta.

Con el fin de quitarnos las telarañas, si es que llevamos tiempo sin estudiar, así como de adentrarnos en el campo que nos atrae, una buena idea es realizar los denominados cursos MOOC —cursos online masivos y abiertos—. Los hay de pago y gratuitos, en función de la institución que los imparte y del contenido. Dos de los portales más populares son el de la UNED y Coursera.

Por su parte, en lo que respecta a idiomas, en concreto a inglés, desde el British Council ofrecen la posibilidad de iniciarse de forma gratuita en la lengua de Shakespeare.

Si tus intereses se focalizan en el mundo digital, Google cuenta con una pequeña academia, también sin coste alguno.

Por último, el portal Domestika —de pago, pero con precios bajos— te puede servir de gran ayuda si estás pensando en realizar estudios artísticos o creativos.

Cinco tips para hacer el estudio más llevadero

📚 La lectura es un buen ejercicio para fomentar la concentración, además de ayudar a mantener las neuronas activas.

⏸️ Aunque suene paradójico, las pausas y los descansos juegan un papel muy importante a la hora de estudiar. Por ello es aconsejable realizar una pausa de treinta minutos tras hora y media de estudio, así como reservar un día de asueto a la semana. Realizar actividades que rompan totalmente con la tarea en los momentos de descanso favorece la desconexión mental y ayuda a retomar el estudio con vitalidad.

⏳ Una buena gestión del tiempo te permitirá optimizarlo y con ello rendir más. Uno de los métodos más conocidos y efectivos es la Técnica Pomodoro. La misma consiste en concentrarse durante veinticinco minutos ininterrumpidos en la materia, intercalando descansos de cinco minutos entre cada bloque y haciendo una pausa más larga cada cuatro bloques. No obstante, puedes gestionar los bloques en función del tiempo total del que dispongas, así como de tu capacidad de concentración.

🖊️ Al igual que sucede con el tiempo, dividir los temas a estudiar en subtemas favorece su asimilación, aprendizaje y motivación. Ya sea un par de párrafos o diez páginas, fijarse un objetivo diario y cumplirlo nos conduce a un estado pleno de satisfacción a la par que vamos avanzando en la materia sin apenas darnos cuenta.

🏃‍♀️ Mens sana in corpore sano. El ejercicio físico es el complemento ideal, pues gracias a él oxigenamos el cerebro, además de aportarnos energía positiva, muy necesaria a la hora de afrontar el estudio.

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Como ves, nunca se es demasiado mayor para estudiar. Marcarse un objetivo, mantener una alta motivación y convertir el proceso en hábito es el secreto del éxito. Así pues, ¡adelante 💪!

Una anécdota curiosa antes de concluir: ¿Sabes cuál era el siguiente objetivo de Shigemi Hirata tras graduarse? Cursar estudios de postgrado al cumplir los cien años 😄.

¿Te has planteado en algún momento retomar los estudios? ¿Has llevado a cabo la idea o la has desechado? Cuéntamelo en un comentario 😉.

💟 Por cierto, ¿sabías que la felicidad se puede entrenar? Te lo cuento en el e-book gratuito Momentos felices, 21 ideas para mimarte 😉.

Me encantaría conocer tu opinión. ¡Te leo!

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