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Fiebre emocional: Qué es y cómo prevenirla

Teresa lleva un par de semanas bastante revuelta de salud. Como ya es habitual en ella, se levanta cansada y con desgana y cuando llega la noche, cae rendida en la cama, aunque apenas consigue dormir y amanece empapada en sudor. Las analíticas son correctas, y su alimentación, sana y variada.

Así pues, achaca su malestar a la época otoñal y al no parar diario: trabajo, niños, clases de zumba, tareas del hogar, estudios a distancia…

Hoy, como en los últimos días desde que sintió aquellos escalofríos, se toma la temperatura corporal a diferentes horas. El resultado es el mismo: oscila entre los 37 y los 37,5 grados.

Síntomas gripales no tiene, y las pruebas médicas descartaron otro tipo de enfermedades o virus. Además, ha comenzado a tomar un suplemento vitamínico y ha reducido su ritmo de vida.

A pesar de ello, continúa falta de energía y con febrícula. ¿A qué se puede deber, si, a priori, no tiene problemas físicos?

A una cuestión que está pasando por alto: la delicada situación emocional en la que se encuentra inmersa desde hace unos cuantos meses.

Y es que, como le sucede a Teresa, el vernos sometidas a una importante carga de estrés de manera continuada y prolongada puede desembocar en fiebre emocional o psicógena.

Fiebre emocional: ¿Qué es?

Seguramente que en más de una ocasión te has sentido destemplada tras un disgusto o una jornada laboral estresante. Incluso puede que si has puesto el termómetro, vieses que tenías unas décimas. Es algo normal.

¿La razón? Ante una situación muy estresante, la temperatura del cuerpo aumenta; más aún en las mujeres.

Lo cierto es que a menudo no somos conscientes de cuánto afecta a nuestra salud el estado emocional en el que nos encontramos —te recomiendo que leas el post «Salud y emociones, entrevista a Marianna Molero»—.

Reprimir nuestras emociones, en especial las menos agradables, hace que éstas salgan a la luz en forma de enfermedades. Lo mismo sucede cuando, a pesar de exteriorizarlas, las mantenemos en el tiempo.

La pérdida de un ser querido, una ruptura de pareja, problemas en el trabajo, la situación actual que estamos viviendo… nos hace conectar con la tristeza, la desesperación, el pesimismo, el desánimo, la impotencia o la frustración. Todas estas emociones y sentimientos tienen su función, y por ello, cuando llegan, debemos aceptarlos, acogerlos y respetarlos.

Ahora bien, también debemos soltarlos una vez la hayan realizado, pues, si no, a la larga nos acabarán acarreando consecuencias negativas para la salud. Reflejo de ello es la fiebre emocional.

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Si bien es cierto que los científicos han demostrado que una tensión emocional prolongada provoca episodios febriles, aún no saben con exactitud cómo se desencadenan estos. No obstante, de lo que sí están seguros es de que si la situación de estrés emocional se prolonga, la fiebre puede durar incluso meses —aunque lo más habitual es que sea transitoria y desaparezca cuando la carga emocional disminuya—.

Síntomas de la fiebre emocional

🤯 Estar sometida a una situación de gran carga emocional, tensión nerviosa, estrés o ansiedad durante un largo periodo de tiempo.

🌡️ Temperatura corporal entre 37 y 37,5 grados.

🪑 Fatiga y agotamiento.

💤 Insomnio.

🥵 Sudoración excesiva.

🤕 Dolor de cabeza (menos frecuente).

¡Ojo! Ante cualquier indicio de que en tu salud algo no marcha bien, consulta siempre con tu médico.

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Cómo prevenir la fiebre emocional

En estos casos, de nada sirve el clásico paracetamol, pues son cuestiones psicológicas las que provocan la febrícula. Es por ello que la solución pasa por enfocarse en reducir nuestro estrés emocional.

Así pues, decirle adiós a la emoción o sentimiento que nos está impidiendo avanzar y establecer una rutina completa de ejercicios de relajación se convierten en nuestros mejores aliados a la hora de prevenir y combatir la fiebre emocional.

Clases de yoga, meditar, un relajante baño de espuma o un paseo consciente por la naturaleza —o el parque— son algunas ideas con las que puedes completar tu rutina de relajación.

Realizar ejercicio físico con asiduidad también es una buena fórmula para deshacerse de la tensión, así como tomar una infusión de tila o melisa tras las comidas o antes de acostarte.

Y por supuesto, dedicarte un ratito diario a mimarte y a practicar todo aquello que te calma y tranquiliza y con lo que disfrutas 😊.

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Me encantaría conocer tu opinión. ¡Te leo!

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